Vivir el tránsito entre la fe de los niños, regalada por la familia como
un don que alumbra la vida infantil, y la fe de adulto, personal, intima y consecuente en los actos, es también un proceso
que comienza en esta etapa y que va a terminar mucho más tarde que ella. En la mayoría de los casos bastante más tarde.
Este transito se vive en la dualidad entre la crítica permanente a la
forma y la búsqueda constante del sentido; y en el cuestionamiento que intenta diferenciar la creencia del adulto que “viene
de fuera” y la propia creencia “construida desde dentro”.
Descubrir que la trascendencia es un hecho esencial en la existencia humana
será una tarea que tomará tiempo y esfuerzo, tanto por parte de los jóvenes como de los adultos que acompañan el proceso.
1 Busca siempre a Dios en forma personal y comunitaria, aprendiendo a reconocerlo
en los hombres y la Creación.
2 Adhiere a principios espirituales, es fiel a la religión que los expresa y acepta
los deberes que de ello se desprenden.
3 practica la oración individual y comunitaria como expresión del amor de Dios
y como medio de relacionarse con El.
4 Integra sus principios religiosos a su conducta cotidiana, estableciendo coherencia
entre su fe, su vida personal y su participación social.
5 Dialoga con todas las personas cualquiera sea su opción religiosa,
buscando establecer vínculos de comunión entre los hombres.
6.-Espiritualidad